Las opiniones, convicciones, ideas... no tienen derechos, sino deben sostenerse por sí mismas. En este sentido, la crítica es un motor de progreso al que no hay que renunciar bajo ningún concepto.
Nadie está obligado a expresar sus opiniones o ideas, pero quien lo haga debería estar abierto a la discrepancia, puesto que nadie tiene el monopolio en esto. Precisamente, cuando se reclama respeto para una opinión, lo que se pretende realmente es amordazar a quienes no la comparten. Es decir, fascismo disfrado de buenas maneras.
Por el contrario, salvo los casos de manifiesta maldad, las personas siempre deben ser respetadas, por muy estúpidas que nos parezcan sus opiniones. A la hora de rechazar una idea hay que poner especial cuidado en no hacer extensiva la descalificación hacia quien la expresa o la profesa. Por supuesto, también es aconsejable ser constructivo, cortés y sobre todo oportuno a la hora de discrepar. No hay por qué abrir la bocaza cada vez que escuchemos una pendejada.
Reficul.
Cyberateos, foroateo.
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